En este año de olimpiadas sería bueno traer al recuerdo la participación de los primeros púgiles chilenos en las olimpiadas. Si bien sabemos que en 1924 fue a París una escueta delegación compuesta en su mayoría por atletas que podían costearse su viaje, como el conocido boxeador aficionado de la época, Zorobabel Rodríguez, representante de la federación deportiva universitaria que era un púgil “aristócrata” que constaba con los medios intelectuales y económicos para tal hazaña, el mismo Rodríguez intento llegar a las olimpiadas de 1928, sin embargo cayó en las preliminares que se realizaron con todo un despliegue mediático en el Hippodrome Circus ubicado en Independencia. Las preliminares despertaron mucho interés en los aficionados, pero también un profundo rechazo a la supuesta participación de una delegación chilena en la cita olímpica. Los dirigentes, en su mayoría fueron contrarios al envió de una delegación, por dos motivos, por un lado la poca o nula experiencia en certámenes extranjeros y lo rudimentario de la técnica “científica” del boxeo chileno, ya que en un certamen como las olimpiadas, la evaluación de los jueces era por concepto de estilos y a juicio de los periodistas deportivos y dirigentes este estilo era completamente carente en los rings chilenos.

Elemento que no deja de ser curioso ante el enorme mercado que el boxeo profesional manejaba en Chile, al menos desde 1917. En una nota de Los Sports de 1928 se puede apreciar la vehemente critica de la prensa y personalidades del boxeo en la época: “Arturo Riveros y Oscar Giaverini, hicieron el match más malo de la noche. No revelaron ni siquiera la agresividad de la mayoría de nuestros muchachos, pues sus tres rounds fueron monótonos y faltos de importancia en todo sentido.”[1]

El lapidario comentario se ve rematado por el del dirigente Oscar Rodríguez, miembro de la comisión central de box, “Honradamente y dado el resultado de las eliminatorias, en que los valores que han actuado son muy escasos, a pesar del entusiasmos de que han dado pruebas, no debe concurrir una delegación chilena, y el dinero que se gastaría en el viaje, se podría en aprovechar científicamente el box, trayendo profesores que lo difundan instalando un gimnasio modelo, fundando de una vez por todas la escuela científica del boxeo chileno.[2]

El dirigente apuntaba a la profesionalización de la enseñanza, ya que, en la mayoría de los casos, a pesar de la abundancia de clubes amateur a comienzos de siglo, los profesores con experiencia no eran muy comunes, con la excepción de Juan Budinish, Heriberto Rojas y Amadeo Pellegrini, los estudiosos de este deporte no abundaban. Pero no todo era negativo para la delegación chilena de box, la súper estrella pugilística de la época, Luis Vicentini también se pronunció sobre este evento deportivo, “que el envío de una delegación chilena a la Olimpiada de Ámsterdam, servirá como un lazo fraternal de internaciones y si los muchachos, no clasificaran ganadores, cuando menos dejarían la impresión de que han luchado como buenos.” [3]

Represantacion Chilena en Amsterdan 1928 2

Las críticas, tanto de la prensa especializada, como la de los dirigentes se pronunciaban de manera muy crítica sobre los posibles resultados del equipo nacional. Además del valor del boxeo amateur, que es duramente cuestionado, incluso Luis Vicentini declara a Los Sports que se había ofrecido a ser entrenador de la delegación, pero su petición no tuvo buena acogida.

¿Qué paso con la delegación? Finalmente viajó a Ámsterdam, en donde sin muy buenos resultados, los boxeadores Ojeda, Turra y Sánchez fueron eliminados en primera ronda y Jorge Díaz llego a octavos de final, según el corresponsal de Los Sports, por ser un púgil fruto del boxeo “científico”.

¿Qué queda de toda esta aventura olímpica de los chilenos en Ámsterdam?, existen varias conclusiones en las que se puede pensar con posteridad al evento olímpico. Para empezar, la opinión generalizada de medios y dirigentes en la época, era abiertamente crítica, a tal punto que creían innecesario enviar una delegación a los juegos, acto que hoy sería impensable. Pero el hecho más extraño es que tanto en los en los medios de comunicación, como en los círculos ligados a la federación de boxeo, se criticaba abiertamente la falta de estilo y técnica en un medio en que la práctica profesional era bastante amplia, incluso con varios púgiles en el extranjero,[4] la existencia de clubes amateur para la época era al menos cercana a los 40 establecimientos, esto es excluyendo a las ligas universitarias, existentes en la Universidad de Chile, Católica y la Escuela de Artes y Oficios. ¿Cómo se explica entonces el pobre desempeño amateur de Chile?.

La explicación parece estar en el mercado, por una parte el boxeo comercial era una empresa en el Chile de comienzos del siglo XX, era una forma de difundir la masculinidad y las correctas prácticas como la abstinencia de bebidas alcohólicas y prostitución, así mismo los obreros asistían en gran número a las veladas, lo que muchas veces era criticado como una falta de conciencia obrera, sin embargo, esto no debe hacernos creer que los clubes obreros no existieran, FF.CC. se organizó en múltiples clubes a lo largo del país, desde 1917-1950. Por otra parte, el decaimiento del boxeo a niveles competitivos internacionales parece estar dictado por las pautas de mercado que buscaban en los “combates” más que una expresión técnica del boxeo, crear la ilusión de una épica que enfrentara a los máximos exponentes y terminara con la caída heroica de alguno de ellos[5], se “vende” una imagen comercial que busca adeptos. Para el caso del Chile de 1928, los combates rentables eran los que ofrecían un encuentro a la “americana”, con un gran despliegue de fuerza y violencia, y que terminaran en KO espectacular o una batalla a 15 asaltos. Este era el “evento” comercial que buscaba el boxeo de aquella época y por otro lado el boxeo “científico” se basa en un gran despliegue de técnicas defensivas y desplazamientos, estilo que en muchas ocasiones no era atractivo comercialmente, por lo tanto, era desechado para ser desplegado en la veta comercial. Esta es la razón de mercado que parece estar en el origen de los pobres resultados del boxeo olímpico. Sin embargo, Chile sí triunfo en Ámsterdam en donde el suplementero Manuel Plaza obtuvo medalla de plata en el Maratón.

[1] Los Sports, n°s 252-303 (6 ene. – 28 dic. 1928) . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-124406.html . Accedido en 14/5/2016. Los Sports 15 de Junio de 1928

[2] Los Sports. Op Cit. 15 de junio de 1928

[3] Los Sports. Op. Cit

[4] En la época Loaiza, Vicentini, Romero, Beiza y Parra eran tan solo algunos de los púgiles chilenos que combatían en el primer mundo.

[5] La imagen del reciente combate entre Saul Canelo Alvares y Amir Khan, se vendió como un choque entre la fuerza y la técnica, con un épico lenguaje publicitario, sin embargo, en los círculos del boxeo se sabía en que iba a terminar desde el momento en que se firmó el combate.