Luego de una intensa jornada de día sábado donde se definieron a los nuevos campeones nacionales masculino de boxeo, resta realizar el balance respectivo de uno de los principales eventos del pugilismo nacional.

Primero valorar el esfuerzo que realizó la Federación Chilena de Boxeo por sacar adelante el torneo en un contexto complejo. Recordemos que estaba programado inicialmente para el mes de noviembre, pero la situación del país obligó a realizar una serie de postergaciones que llevaron a que se desarrollara finalmente la semana pasada.

Pero esta situación desembocó en uno de los contras que se vivieron este año. Al realizarse estas postergaciones, muchas delegaciones de regiones vieron complicados sus traslados lo motivo a que menos del 50% de los participantes de este año fuesen de asociaciones regionales.

Esta situación obliga además a repensar el formato de competencia. El antiguo diseño por asociaciones no se condice con la realidad actual de la actividad. Hoy en día el boxeo amateur se desarrolla en cuatro polos específicos: Iquique, Temuco (y alrededores), Chiloé y Santiago, esta última ciudad gracias a la proliferación de clubes privados.

Esta situación obliga a que se de la absurda situación que boxeadores de Santiago “parchen” a las asociaciones que tienen menos representantes, esto lleva a situaciones que restan credibilidad a la organización como por ejemplo la del medallista Panamericano Miguel Véliz, que se inició en Talca, se desarrolló en Santiago con la selección, pero en este campeonato terminó representando a la ciudad de Punta Arenas.

Precisamente la presencia de boxeadores como Miguel Véliz destaca dentro de lo positivo del torneo. Hace mucho tiempo que pedíamos la presencia de los seleccionados en los torneos nacionales y este campeonato nos dió la razón. Se vió una mejora generalizada del nivel y permitió además a deportistas que no acostumbran a pelear con rivales más renombrados, foguearse ante boxeadores con una muy buena preparación como los integrantes del Team Chile.

Asimismo, la participación de boxeadores formados en clubes privados demostró que son un polo importante de desarrollo del boxeo nacional y cuan necesario se hace coordinarse con ellos para trabajar en aspectos formativos o detección de nuevas promesas.

Otro aspecto que mejoró respecto de anteriores campeonatos fue el de los jueces. Si bien hubo algunas quejas por parte de algunos participantes y de un sector de la fanaticada, lo cierto es que, en general, los fallos y decisiones estuvieron de acorde a lo acontecido sobre el ring.

Incluso en combates apretados como el de Cristofer Valenzuela con Sebastián Caucamán, los jueces estuvieron correctos, aunque siempre hay espacio para seguir mejorando en esa materia.

Pero todos estos aspectos positivos quedan ensombrecidos por errores e irregularidades que empañan cualquier avance en la actividad. El principal es el repentino cambio de programación que afectó el desarrollo de la final 60 kilos.

Originalmente ese combate era el séptimo dentro de la programación, pero la organización decidió adelantarlo, sin avisar a uno de los boxeadores, el integrante del team KR Boxing, que dirige la Krespa, Carolina Rodríguez, Andrés Pacheco.

El resultado, el representante de Puerto Montt se llevó la victoria, mientras que Pacheco llegó minutos más tarde, para enterarse que la “pelea” ya había finalizado.

En síntesis, un campeonato atípico por las circunstancias en las que se desarrolló y con el desafío de repensarse si es que se pretende adaptarse a los nuevos aires que circulan por el boxeo nacional.

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