En el gimnasio están los espacios y los objetos esparcidos como bodegones olvidados, cargados de presente – ausencia, como fantasmas que esperan el regreso de las sombras que los vuelvan a la vida. Hay un ausente, “Che Rosita” una mezcla de mito y leyenda, una historia viva del boxeo, ese boxeo que se lleva en la sangre y le da sentido a esa vida calma que matiza la lluvia y el frio del sur.
Hernán Rosas Barrientos, más conocido como Che Rosita, ex boxeador y un formador incansable, que perteneció al Club México desde 1951 y que a los 87 años de edad todavía continuaba preparando a jóvenes boxeadores es hoy un espacio vacío en el corazón del ring.

“Lo conocí el año 1981 en el Club México” recuerda Víctor Fuentealba, “él era parte del gimnasio, ya era un personaje, siempre entrenaba boxeadores amateur. La historia más linda que tengo con “rosita” es cuando hace séis años atrás me dijo que entrenara a su nieto Luciano, para mí fue un orgullo que me lo pidiera, me dijo” yo sería feliz que él fuera un poquito bueno como lo fuiste tú”, Luciano Hernández fue campeón chileno cadete, juvenil y seleccionado nacional, él es su orgullo porque le siguió sus pasos, es algo de las cosas que lo hace más feliz. Le tengo mucho respeto por todos sus años de trayectoria, llevar más de 60 años en el boxeo es algo histórico”.

“Yo entraba a las 8 de la mañana a la radio La Voz de la Costa, a las 7:30 “Rosita” ya estaba subiendo las persianas de los locales del edificio donde trabajaba como guardia, conversábamos del boxeo y de la vida”, cuenta Carlos Vargas, locutor deportivo.

Che Rosita

“El “Che” tiene una técnica para observar a los boxeadores, en esos años él trabajaba de nochero en un condominio y era uno de los primeros al gimnasio, esperaba a todos los boxeadores al lado de la puerta para saludarlos, los saludaba a todos y si tu te olvidabas de saludarlo él te iba el a saludar y ahí estaba su técnica, al saludarte no te soltaba la mano, comenzaba a girar como boxeando de lado a lado y ahí veía el ánimo con el que venías a entrenar, si le seguías el juego era que venías al 100, a veces daban ganas de soltarle la mano para irse al camarín a equiparse”, recuerda Robinson Cisterna ex boxeador amateur y actual entrenador. “El nos formó, nos hizo debutar, nos guió, un trabajo silencioso que nunca se ha reconocido como debe ser, lo han olvidado”.

Che Rosita junto a su nieto.

Para el boxeador profesional y campeón chileno Robinson Laviñanza “Rosita es una gran persona que ha dado mucho por el boxeo osornino y que se merece todo el reconocimiento, lo conozco desde siempre, entrenó a mi papá, al que yo acompañaba cuando iba al gimnasio, a los once años yo comencé a ir al México y fue mi primer entrenador”.

“Don Hernán entregó toda su energía y conocimiento a los jóvenes que llegaban al Club México a aprender el arte del boxeo, los boxeadores que pasaron por ahí deben tener muchas historias y anécdotas con él porque en 67 años entregados a ese Club que ahora lo ignora algo tendrán que contar”, dice Washington González, “todos sabemos enseñó en sus inicios a grandes boxeadores como Martín Vargas, “Monzón” Benavides, Carlos Aros, Julio César Barría, Jorge Fernández, Carlos Uribe, Patricio Carrasco entre muchos”.

Che Rosita en su habitat natural.

“Che Rosita”, una historia viva e imprescindible del boxeo osornino ya ha colgado sus guantes, una enfermedad lo mantiene en un combate duro y sin tregua que lo ha ido apagando lentamente. El “pago de Chile”, el olvido, la precariedad que deja indefensos a las personas de la tercera edad, factores que se juntan para dar el golpe bajo.

Este sábado 1º de diciembre a las 21:30 horas en el Gimnasio Fiscal de Rahue, Tarapacá 610 Rahue desde las 21.30 horas en adelante se realizará un velada boxeril que irá en beneficio de “Che Rosita”, un imprescindible que nos necesita.

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