Se acerca el momento de la revancha, con las inevitables declaraciones promocionales de los protagonistas. Declaraciones que hay que tomar con pinzas para analizar el verdadero estado físico y mental que exhibirán al subir al ring.
Se acerca el momento de la revancha, con las inevitables declaraciones promocionales de los protagonistas. Declaraciones que hay que tomar con pinzas para analizar el verdadero estado físico y mental que exhibirán al subir al ring.
En un combate cruento donde técnica y potencia estuvieron salpicadas con infracciones, el escocés Josh Taylor hizo lo suficiente para alzarse con el triunfo en su pelea con Regis Prograis.
La historia del boxeo registra múltiples instancias donde el aspecto moral es pisoteado en pos de los billetes.
Dos boxeadores fallecidos en la misma semana, aunque en rings separados por miles de kilómetros, han sacudido al mundo de un deporte de por si violento y por consiguiente altamente peligroso. Como era de esperar, enseguida surgieron las críticas de los extremistas que piden su prohibición, en contraposición de quienes lamentan tan trágicos desenlaces pero no van más allá de expresar: “…son cosas del boxeo¨. Ni una ni otra.
El senador y boxeador ya está haciendo las valijas para retomar su tarea política en Filipinas, con veinte millones de dólares más en su cuenta y la promesa de volver al ring el año próximo.
Es hora que cada uno acepte la responsabilidad deportiva y el respeto hacia el público que, en definitiva, es quien respalda el negocio. Aquí no se trata solamente de ganar dinero fácil, a no ser que alguien pueda convencerme que los 15 millones de dólares embolsados por Álvarez en su combate frente al “turista” Fielding o los 35 millones de la cómoda faena contra Jacobs, significaron algún riesgo.
En lamentable final, cruzando una calle de Virginia Beach, a eso de la 10 de la noche del domingo, falleció atropellado por una pickup…. tenía 55 años. Un epílogo amargo que sacudió el ámbito de este deporte donde a veces la gloria y la desgracia parecen entremezclarse, como una extensión dramática de lo que vemos sobre un cuadrilátero.