Es 1924 y una pequeña delegación de boxeadores viaja a las Olimpiadas de Paris, son los invictos Luis Correa Campeón Sudamericano, Carlos Abarca, y Carlos Uzabeaga, famoso púgil de la Universidad de Chile. Sus periplos comienzan con un largo viaje que los tres hicieron por separado, desde Valparaiso a Marsella cruzando el océano y después de un sinfín de escalas, llegaron al puerto francés en el Mediterráneo, el primero en llegar fue Luis Correa, quien no hablaba una gota de francés y solo atino a parase en el puerto mientras decía “Je Suis Boxeaur, Juegos Olimpies” hasta que fue avistado por un carruaje portugués que lo comprendió y de esta manera logro llegar a Paris. Una vez en la ciudad Luz su contacto era Luis Harnecker, quien hacia las funciones de enlace con entre la Federación de Boxeo y la organización olímpica. Correa comenta que se vio sumamente asustado en su debut en los JJ.OO. aterrado de subir a un ring en donde no entendía nada lo que se hablaba a su alrededor y sin chilenos cerca, ya que por irracional que parezca la delegación viajo como pudo y por sus propios medios, y todos llegaron en distintos días.

Así el día del combate Luis Correa, no tenía ni siquiera seconds, y Luis Harnecker encargado de la delegación, estaba de espectador muy ocupado. En medio de la confusión dos residentes chilenos de apellido Lira y Sanfuentes, quienes solo estaban de espectadores lo ayudaron en la esquina sin tener conocimientos de boxeo, así las cosas, Correa combatió contra el representante local.  Perdiendo por puntos, pero según Correa ganando tan amplio que peleo riéndose durante todo el encuentro, a su juicio fue “robado”, fenómeno que como veremos será repetitivo en el tiempo. Por su parte cuando solicito a Luis Harnecker que hiciera un reclamo formal, este le dijo que tenía que ser diplomático y nada podía hacer. Así termino la aventura de Correa, sin comprender mucho que pasaba, fue su debut y despedida.

El segundo en combatir fue Carlos Abarca, quien, si obtuvo resultados claros contra Portugal y Suiza, pasando a tercera ronda, dominándolos con su pelea corta. Pero en el combate contra Estados Unidos perdió contra un estilista, que a su juicio solo marcaba tocando y escapaba, no presentando combate alguno. Abarca también es enfático en decir que nuevamente fue robado, fenómeno que parecía ser una plaga endémica en los representantes de Chile, al quejarse ante el representante Luis Harnecker este le hizo saber que claramente, las olimpiadas estaban hechas para que ganaran franceses, norteamericanos e ingleses. No había nada que reclamar, Abarca se queja amargamente de la carencia económica ya que contaba con escasos medios económicos y los viáticos los administraba Harnecker quien pocas veces se mostraba dispuesto a entregarlos.

El tercer representante, fue Uzabeaga quien iba con uno de los mejores resultados en Sudamerica y con ciertas posibilidades de victoria, sin embargo Uzabeaga quien cuenta una aventura de lo más extraña, su rival era el norteamericano Tripolite un candidato al oro en la categoría pluma, según el chileno el día del pesaje, lo miro y considero que era más bajo y con poca contextura física, se sintió seguro. Pero el cambio vino cuando subió al ring, al día siguiente, según Uzabeaga, Tripolite era otro, tenía un cuerpo distinto era alto y con grandes brazos, realmente era otra persona y casi de otra categoría. Sea esto o no cierto, Uzabeaga relata que lo fajo violentamente y lo derroto, pero nuevamente fue “robado”, en lo que según la delegación chilena constantemente le sucedía.

Sea todo este extraño relato verdad o no, lo que, si apunta con mucha seguridad Uzabeaga, es que fallaron rotundamente fue en la preparación, en Francia hicieron sparrings con guantes de pocas onzas, y la dirección de Luis Harnecker era errática y carente de sentido práctico. Según los tres pugilistas nacionales, este fue la peor elección para una preparación seria. Una vez en Santiago recordaban su estancia en Paris con alegría por conocer la ciudad luz, pero muy decepcionados, por la organización y virtual abandono de las autoridades boxeriles de la época. Claramente resultados producto de la casualidad no llegarían, y en este sentido Chile al menos hasta 1950 no estuvo en condiciones de dirigir una delegación de forma coherente a algún tipo de resultado esperado. También llama la atención la particular epidemia de “robos” en todos los combates, escusa que aun en nuestros días escuchamos demasiado a menudo. Una aventura en los locos años 20, de estos verdaderos cosmonautas del boxeo.