Un 4 de enero, pero del año 1935, nacía en Waco, Carolina del Norte, el ex campeón mundial de los pesos pesados Floyd Patterson, quien ostentó el record de ser el campeón más joven en esta categoría hasta la aparición de Mike Tyson. En Boxeadores reproducimos un artículo escrito originalmente por el periodico español “El Mundo” para recordar la figura de uno de los mejores púgiles peso pesado.

El boxeador estadounidense Floyd Patterson, ex campéon mundial de los pesos pesados, falleció en su casa de Brooklyn (Nueva York) a los 71 años después de sufrir durante los últimos ocho años un cáncer de próstata y Alzheimer.

Pasa a los libros de historia como el primer campeón mundial de la categoría reina en recuperar el cinturón además de por ser un hombre inmune al fracaso, un fajador del ring y de la vida. “Dicen que fui el que más veces derrumbaban, pero también el que más veces se levantó”.

Floyd Patterson, el “negro bueno” para la América blanca en claro antagonismo a Sonny Liston, fue para sus críticos el “blandengue”, un hombre que contaba sus miedos, sus dudas antes de las peleas en contraposición a las bravuconadas y egocentrismos de los Ali, Liston y compañía. “Es como un vegetariano, un bicho raro ante tantas bestias carnívoras”. Alargó su vida profesional, ya muy lejos de sus años dorados, hasta 1972, donde fue noqueado en su velada de despedida por el “más grande” de la historia.

Nacido en el seno de una familia humilde en Waco (4 de enero de 1935, Carolina del Norte), sus padres se tuvieron que trasladar muy pronto a una gran ciudad, el hervidero de Brooklyn (Nueva York) donde pasó una infancia de calamidades. Su familia lo trasladó pronto al Wiltwick School. Allí hizo sus primeros guantes. Y creció su afición y su boxeo hasta ganar dos veces la prestigiosa competición amateur de los Golden Gloves de Nueva York (peso medio en 1951 y 1952) y lograr el oro también en los medios de los JJOO Olímpicos de Helsinki, imbatido. Después, como todos, se lanzó a por las bolsas de los profesionales aunque tardó un tiempo en subir a la categoría de los pesados.

Su comienzo fue espectacular con solo una derrota en sus 36 primeros combates. Cayó en una velada de Brooklyn, en su pelea número 14, ante Joey Maxim después de una controvertida decisión de los jueces (7 de junio de 1954). 1956 inicia su mejor época con la conquista de los pesados frente al gran Archie Moore, convirtiendose en el campeón más joven -21 años- en lucir la corona de los pesados y en anteceder a Ali como primer oro olímpico en ceñirse el cinturón de los profesionales. Pero Floyd ‘el blandengue, la ‘señorita miedosa que siempre se queja’ sería injustamente recordado por sus fracasos ante formidables como Liston y Ali, que por sus victorias, que fueron muchas en una época de grandes colosos (55 triunfos, 40 de ellos por KO, ocho derrotas y un nulo).

 

Realizó cuatro defensas victoriosas del título antes de perderlo de forma infernal frente al gigantón sueco Ingemar Johansson, que lo mandó a la lona siete veces en el tercer asalto antes que el árbitro detuviera la pelea (Yankee Stadium de Nueva York, 26 de junio de 1959). Es decir se levantó seis veces. Al año siguiente se vengó del sueco en la revancha de Polo Grounds (Nueva York, 20 de junio) con un gancho de iquierda brutal que provocó el KO instantáneo en el quinto asalto. Por ello, se hizo famosa su frase: “Contaban las veces que besé la lona, también cuenten las que me levanté”. Ahí reside su grandeza, la del Ave Fénix.

Más tristemente célebres para él fueron sus dos combates humillantes ante Sonny Liston, de mucha más envergadura y pegada demoledora. El caso es que al siempre turbio, siempre relacionado con el hampa y con serios incidentes con la justicia, al fin, le daban la oportunidad de luchar por la corona de los pesados. No la desaprovechó un 25 de septiembre de 1962 en el Comiskey Park de Chicago. El bueno de Floyd no le duró un solo asalto en un combate con testigos de lujo -actores y cantantes además de la mafia que siempre rodeaba a Liston- y unos cuantos ex campeones mundiales como Joe Louis, Marciano, Braddock y el propio Johansson. La combinación de jabs y y derechas a la cabeza de Patterson fue torrencial desde el segundos fuera, insoportable. KO antes de pestañear.

Depués, llegaría otra fiasco aún más cruel ante el ‘Oso Feo’, como llamaba Ali a Liston. En Las Vegas (22 de julio de 1963), en la que el que por entonces campéon lo dejó claro: “Quien pague por ver esto será idiota. El ‘cantamañanas’ durará menos aún”. Patterson resistió a Liston 5 segundos más que en el anterior lucha por la corona mundial. Allí, en el mismo ring, el jovencísimo y bocazas Ali, en busca de publicidad, desafió al campeón llamándole “fraude” y demás lindeces. Cuando Liston -detenido por tres policías porque se lanzaba a por él- se ciñó el cinturón le espetó: “Esto será algo que tú nunca tendrás”. Se equivocó.

Dos años después, Floyd, todo coraje, resistió a un Ali en plenas facultades físicas 12 asaltos en Las Vegas. Su última pelea fue precisamente ante el “más grande” en el Madison (20 de Octubre de 1972). Como era de esperar cayó por un KO incontestable en el séptimo, pero a esta derrota sobrevive una frase suya, inmortal, sobre ‘la leyenda’: “Al final comprendí que yo era un boxeador. El, en cambio, era Historia”.

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