Corría el verano del año 1947. Joe Louis comenzaba a decir adiós a una carrera prácticamente perfecta en la cual, durante 10 años, defendió la corona de los pesos pesados transformándose en el boxeador más importante de una de las eras de oro del pugilismo mundial.

10 años en los cuales enfrentó a diversos rivales, algunos más complicados que otros y donde destacó la figura de un chileno: Arturo Godoy, quien en el primer enfrentamiento entre ambos casi conquista la corona de los pesos pesado en uno de los combates más difíciles que enfrentó el “Bombardero de Detroit”.

Fueron dos los combates que enfrentaron a Louis con el chileno y donde se forjó además una buena amistad que se coronó con un sorpresivo anuncio: Joe Louis visitaría Chile para pelear una exhibición con su amigo iquiqueño, en el Estadio Nacional.

La expectación en el Aeropuerto de Cerrillos en aquel mes de febrero de 1947 era alta, jamás una mega estrella del deporte mundial como Joe Louis, había visitado nuestro país, menos aún para hacer una exhibición deportiva.

Joe Louis llega al Aeródromo de Cerrillos.

Por eso al momento de arribar a Chile, las crónicas deportivas de la época destacaron su llegada y lo que significaba la presencia de un campeón de su talla en nuestro territorio “respeto y admiración para el campeón más campeón de los campeones; reconocimiento para su capacidad orgánica, para la potencia de sus músculos, para su tranquilidad polar que también tuvieron Dillinger y Al Capone. Sumisión a su técnica”, rezaba una crónica de Revista Estadio.

La misma crónica firmada por don Carlos Guerrero “Don Pampa” describe el arribo del norteamericano a Cerrillos “la impresión producida desde lejos no hizo más que confirmarse a los ojos de los chilenos, vestido algo estrafalario, con un traje de gamuza, una camisa color amarillo subido y un sombrero guarapón, que le daba cierta semejanza a un caporal mexicano. Descendió, miró como ausente a los que le esperaban y lo aplaudían. Como un ausente y ni una sonrisa, ni una palabra. Desesperó a los fotógrafos que le pedían sacara la cara, a los locutores que le ponían en su boca los micrófonos. El hombre no articulaba nada”.

Joe Louis no era un hombre de espectáculo. Los artificios los dejaba para el ring, donde era una máquina destructora y armoniosa, pero fuera del ring, era un hombre parco y apático como describe la nota de Estadio “tenía razón Marva Trotter, la graciosa y atrayente taquígrafa de Chicago, al contar que para enamorarlo y conseguir el matrimonio tuvo que hablarlo todo. y tuvo razón también para dejarlo después, cansada de su mutismo, de su frialdad”.

Louis en su habitación del Hotel Carrera.

Si bien la primera impresión que dejó el campeón en nuestro país no fue la mejor, luego, en el hotel, se pudo ver a otro Joe Louis, uno más afable y atento con los medios de prensa “¡Qué sorpresa para todos los que pudieron franquear las puertas del hotel, periodistas y gente conocida del mundo pugilístico! Cuando el negro se sentó en el salón y soportó una andanada de preguntas de toda índole con que lo trataron de cercar, de apabullar más de cincuenta periodistas. Sorprendió porque no solo contestó oportunamente, sino porque derrochó inteligencia, sensatez y hasta buen humor”, destaca Don Pampa.

La pelea en el Estadio Nacional

“Pienso y me parece que no fuera verdad. Conozco a Godoy, su fiereza, su amor propio y su resistencia de granito. Y acabo de verlo abrumado por los golpes del moreno de Alabama que, con los enormes guantes de 14 onzas, logró hacerle el daño suficiente como para tenerlo en tierra vencido y deshecho”, con esa descripción comienza la crónica de Revista Estadio respecto de la pelea que enfrentó a Godoy con Louis aquella noche de febrero de 1947.

Como mencionábamos la pelea formó parte de una gira que el norteamericano realizó por Sudámerica, por lo mismo, tenía carácter de “amistoso” y se disputó con guantes más grandes de lo normal, es decir, 14 onzas.

Pero ni siquiera esa medida adoptada para proteger la integridad física de los contendores sirvió para evitar el castigo que recibió Arturo Godoy por parte de Joe Louis aquella noche de febrero en el Estadio Nacional. La exhibición que dio Louis aquella noche fue tan espectacular que dejó atónitos a los poco más de 30 mil espectadores que llegaron aquella noche al principal reducto deportivo del país.

Estadio Nacional la noche del combate entre Louis y Godoy en 1947.

“Subió al ring impasible, igual como lo he visto diez o veinte veces en las versiones cinematográficas de sus combates por el campeonato. Allí estaban sus “segundos”, allí estaban los reporteros, gráficos, los locutores de radios, el pomposo anunciador. Tal como en un combate por la corona mundial, tal como en un Yanqui Stadium o el Madison Square. Treinta y cinco mil personas atentas, y, en el rincón contrario, la figura atlética del iquiqueño Arturo Godoy, bien ceñido, demostrando una preparación acabado”, rezaba una crónica de la época.

Pese a ser una exhibición, la pelea fue tomada muy en serio por ambos pugilistas, es así que desde el primer segundo Arturo Godoy, fiel a su estilo, fue a buscar la pelea corta ante el mítico Joe Louis. Se lanzó agazapado y conectó sus conocidos ganchos directo a la cabeza del campeón. Luego se pegó a él evitando de alguna manera el contraataque del “Bombardero de Detroit”.

Arturo Godoy subiendo al cuadrilátero con su característico salto por encima de las cuerdas.

Pero Louis reaccionó y lo hizo con maestría. Levantó la cabeza de Godoy con una serie de uppercuts que de inmediato comenzaron a hacer mella en el rostro del chileno “son punches cortísimos, casi sin trayectoria, pero que hieren a fondo, amoratan y entorpecen al rival”, escribieron los periodistas que presenciaron la pelea.

El drama se instaló en el segundo asalto. En seguida que se escuchó la campana Godoy se fue al frente buscando a Joe Louis quien lo recibió con su jab de izquierda. Pese a dicha defensa, el iquiqueño conectó una buena combinación directa en el rostro del norteamericano. Godoy nuevamente recortó la distancia y se apegó a su contrincante, puso su cabeza sobre el hombro fornido y buscó golpear por fuera. Louis ni siquiera se preocupó.

Nuevamente con sus uppercuts se sacó al chileno de encima y lo obligó a retroceder hasta el centro del cuadrilátero. Ya en medio del ring, comenzó a utilizar nuevamente su característico jab de izquierda acompañada de una serie de rectos de derecha que comenzaron a inclinar la pelea a su favor. Fue así como conectó un gancho de derecha terrible que marcó el principio del fin de la pelea.

El golpe lo sintió Godoy al punto que sus rodillas acusaron el impacto, tras él vino un gancho izquierdo que lo tiró sobre la última cuerda y lo dejó incapaz de oponer resistencia, vencido fatal y definitivamente. Pero la historia de Arturo Godoy demuestra que, independiente de lo irremediable del resultado, no renunciaría y pese a toda lógica y recomendación se levantó y decidió continuar con la pelea.

“Todavía luchó más adelante. Todavía llegó con sus ganchos a la cara del campeón imbatible, pero todo aquello lo hacía sin fe, apenas resistiendo por su bravura y su amor propio. Todavía peleó, pero ya no quedaba nada por hacer”, señaló la crónica de Revista Estadio sobre la pelea.

Joe Louis momentos antes de subir al cuadrilátero.

Pero dicho empuje fue cortado nuevamente por un certero golpe de Louis que puso de rodillas en el suelo a Godoy, la pelea a esa altura ya estaba definida, pero el chileno nuevamente se levantó y quizás admirado de la valentía del chileno, el estadounidense bajó el ritmo y se dedicó a boxear, sin buscar nuevas caídas pero dejando claro su enorme calidad boxística.

El cierre de la crónica de Revista Estadio sobre la pelea refleja la importancia y el carácter que tuvo la visita de Louis a nuestro país “la presentación de Joe Louis entre nosotros fue algo más que una exhibición. Fue un combate. Y si consideramos que uno de los protagonistas era el campeón del mundo, se justifica el carácter y el color de la crónica. En Santiago de Chile hemos visto combatir al boxeador más famoso de la actualidad, y, posiblemente, el más grande púgil de todos los tiempos. Tal hecho es, pues, de gran trascendencia, y dejará recuerdos largos en nuestro ambiente”.

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