La historia de Eulogio Cerezo, parece la eterna penuria del boxeo chileno, un prospecto que tenía todas las condiciones, pero la eterna desidia, falta de recursos y descuido de la “profesión” de deportista, parecen sepultar cualquier progreso del boxeo chileno.

En 1930, surgió desde Copiapó Eulogio Cerezo, conocido como Duraznito, por ser rudimentario en su boxeo. Sin embargo, era un peso súper mediano natural, con una gran fortaleza nacida de su trabajo en las faenas de la minería en el rudo norte de Chile. Después de breves campeonatos amateur, Cerezo se lanzó al boxeo profesional. Recordemos que hacia 1930 nuestro país vivía una grave crisis económica, dada su naturaleza minera.

La necesidad de otros “trabajos” era otra opción para sobrevivir. En el lejano Copiapó de 1930 había que ganarse la vida, muchas veces con los puños, así fue como Eulogio Cerezo, comenzó a combatir y sorprendió por su pegada noqueando a Ramón Vega, Eduardo Ruiz, Carlos Carmona, Humberto Plane, Manuel Bastias y el Indio Manquilef, un púgil con una asimilación mítica. Con este enorme currículo, llego a Santiago, en donde logro vencer una gran cantidad de púgiles de manera espectacular.

Por aquellos años, nuestro boxeo dependendia en gran medida de dos cosas. Por un lado, la necesidad económica, el boxeo era una forma de trabajo y muchas veces durante una semana, se podía combatir a 15 asaltos hasta dos veces por semana. Recordemos que desde 1910 el boxeo era un deporte tremendamente popular. Las en muchos casos estas comenzaban desde el jueves a domingo.

Por otra parte, el boxeo nacional era tributario de la escuela norteamericana que era frontal, propensa al intercambio, que enfatizaba la potencia y la asimilación a los golpes como medio para conseguir la victoria.

En medio de este clima boxeril, Cerezo, combatió contra Erwin Klassier un estonio, radicado en Chile, peso pesado, que le llevaba más de 10 kilos por encima que Cerezo, en esos años el modelo comercial hacia que muchas veces, que las reglas del boxeo fueran más bien laxas y se realizaran combates de este tipo, solo por afán casi circense.

Cerezo, de manera increíble logro vencer al ese peso pesado que estaba tres categorías arriba. Sin embargo, se quebró su mano. Esto lo llevo a estar fuera por un largo tiempo, después de este retiro obligado, Cerezo bajo una muy mala dirección volvió a combatir contra Klassier, esta vez en peso pesado, ya conocía todos los trucos de Cerezo y simplemente lo liquido con un brutal KO.

Después de esta desafortunada pelea, que no reporto ningún beneficio para Cerezo, partió a una gira por Lima, en donde combatió sin parar, contra oscuros rivales, varias veces al mes. Cerezo sin entrenador, sin disciplina deportiva y castigando su cuerpo por tantos combates, fue subiendo de categoría y el daño físico cada vez más acumulado. Ya hacia 1940 realizo su ultimo combate esta vez en peso pesado, contra el peruano Juan Ulrich, a quien venció, siendo 10 años mayor.  Pero el tiempo de Duraznito, ya había pasado, plagado de lesiones y en la pobreza, no le quedó más remedio que volver a Copiapó, a su inicial trabajo en la minería.

El boxeo, ha demostrado ser un deporte brutal en torno al destino de sus hijos, quienes son devorados por el ambiente, la competencia, los malos manejos, la falta de disciplina deportiva, las carencias en materia de previsión y visión de futuro. La historia de Cerezo parece antigua, sin embargo, es el espejo de una historia que parece no tener fin.  La historia, es la memoria de nuestros errores y victorias, si la olvidamos estamos condenados a repetirla.

 

 

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