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Es 1922 y en las peleas de semi fondo de Firpo vs Tracey, en el club sportivo barrancas, de Buenos Aires, había un chileno en cartelera. Con 18 años era Eduardo Cuitiño, el científico de Valparaíso.

Desde los 12 años se había introducido al boxeo, con una característica atípica para el boxeo nacional, Cuitiño destacaba por su juego de piernas y lo que en esa época se conocía como el boxeo científico, que se traducía, más bien el uso de la izquierda en punta, los contragolpes con la derecha, los golpes a la zona media y el uso de las piernas.

A pesar que esto parece ser normal en nuestros días, el boxeo chileno por muchos años destaco por el combate frontal y de volumen y supresión del adversario.

En el puerto de Valparaíso, Cuitiño fue forjándose un nombre, poco a poco, primero en las calles y después como campeón peso mínimo, del torneo escolar de Chile, que en esos años se desarrollaba en comúnmente en Chile. También ganó el campeonato nacional amateur y después salió segundo o “robado” según las crónicas de la época, en el campeonato sudamericano de Brasil.

Pero después de dar un buen combate Cuitiño, quedo en las miras de los promotores locales y tuvo su oportunidad en la previa de semifondo de Miguel Angel Firpo en Buenos Aires. Cuitiño, fue a Rio de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires, en los mejores tiempos del boxeo sudamericano.

Ya de vuelta en Chile, Cuitiño se hizo profesional, se enfrentó a muchos de los más avezados de la época, como Carlos Uzabeaga, a quien no pudo superar, al mítico viajero Routier Parra, John Bull, Juanito Rojas y Felipe Carretero.

Pero algunos defectos inherentes del boxeo, le hicieron mucho daño a su carrera. Como la falta de definición clara de una categoría en la cual el pudiera competir fue peso mínimo, mosca, súper mosca, gallo, pluma y súper pluma.

Todo según la ocasión y las necesidades del día, esto malogro sus posibilidades y sus reales capacidades, ya que, en una pelea en pluma estaba demasiado exigido lo que la jerga boxeril se conoce como “hacer la pelea”, así las cosas, Cuitiño fue descuidándose y se entregó con cada vez más facilidad a la noche, el licor y la fiesta. La vida nocturna lo alejo de los entrenamientos rigurosos y perjudico su carrera hasta su retiro definitivo en la década de 1930. Pero ya desde su retiro en 1947, logro ser presidente de la Asociación Profesional de Antiguos Boxeadores de un organismo bastante particular, que demuestra los niveles de boxeo de organización que la actividad rentada tenía en aquellos años. El paso del “científico” fue una excepción  muestra de otras formas de boxeo en una época donde los “guapos” mandaban.