Leo el listado de boxeadores a los que dedicarán cada uno de los ocho programas de Guantes de Oro, que actualmente transmite TVN, y veo sólo un chileno, Martín Vargas, la más reciente de las grandes glorias del boxeo en nuestro país, pero no el único grande, no aseguraría que el más importante.

En general a pesar de que el programa se presenta como la revisión de las leyendas del boxeo, no toca a los tanques que destellaron durante la primera mitad del siglo XX. En el listado se echa de menos por ejemplo a Rocky Marciano, y al gran Joe Louis, dos con records impresionantes.

Marciano, de las 49 peleas que disputó en su carrera, ganó las 49 -43 de ellas por nocaut-. Justamente igualar esta marca de 49-0 es lo que alentó a Floyd Mayweather a enfrentarse a Bertho en septiembre de 2015. Sin embargo en la categoría de los pesos pesados nadie aún ha igualado a Marciano. Saber cuándo retirarse parece ser una cuestión a contracorriente en el boxeo.

Un poco antes que Rocky Marciano era el bombardero de Detroit el que brillaba. Joe Louis hizo 71 peleas, de las cuales ganó 68, 54 de ellas por nocaut* , fue campeón de los pesos pesados durante casi 12 años (1937-1949), otro record que aún no se supera. Joe Louis tiene además la particularidad erigirse como una referencia para los afroamericanos hasta el día de hoy por haber firmado con su nombre el fin del predominio de los blancos en el boxeo, lo que no había podido hacer Jack Johnson unas décadas antes, por haber sido demasiado insolente.

Uno de los grandes contendores que tuvo Joe Louis fue un iquiqueño, Arturo Godoy. Godoy no sólo se enfrentó a Louis en el cenit de la carrera del norteamericano dos veces, sino que en el primero de los combates le dio una dura pelea, combate al que llegó, además de sus propios méritos, porque nadie quería pelear con el imbatible Louis.

El combate se pactó a 15 rounds y Louis ganó por puntos, en fallo dividido. Uno de los 3 jueces fue el mítico Arthur Donovan. Una gran hazaña considerando que él de Detroit, sólo en cuatro peleas en toda su carrera llegó a pelear 15 rounds. Una hazaña sabrosa considerando el “Agáchate Godoy”, la estrategia que recordaba un pie de cueca y que descolocó al bombardero de Detroit, las piruetas del Iquiqueño después de terminar cada round y el beso provocador de Arturo a Joe en medio de la pelea en un Madison Square Garden con más de 15.000 fanáticos y con otros tantos miles de oídos que a la distancia seguían en encuentro por radio. Uno de los capítulos de la gran novela sobre un Godoy ficcionado, “Muriendo por la dulce patria mía” (Roberto Castillo, 1998), nos regala un lindo relato del combate.

Tan importante fue la pelea que, según consigna el periodista Felipe Hurtado en La Tercera (Arturo Godoy: el campeón sin cinturón 09.02 2015), ese primer combate inspiró un cuento del argentino Raymundo Cibral, una ilustración de Raúl Manteola para la revista El Gráfico y poemas de Floridor Pérez (El Canto a la derrota de Arturo Godoy) y de Guillermo Ross- Murray (Dale Godoy Dale). Además, después de su primera pelea con Louis, Godoy participó en Hollywood de la película Grandpa goes to town y aparece en la cueca Los Campeones, dedicada al boxeo, que en sus versos finales sitúa al guapo Arturo Godoy en el trono de honor. En tiempos más contemporáneos su figura inspiró una biografía titulada con el nombre del boxeador, escrita por Bernardo Guerrero (2010) y la ya citada novela de Roberto Catillo (1998).

Cómo lo consigna el documento que autoriza erigir un monumento a Godoy, y a otro mítico, Estanislao Loayza, luego del combate, el mismo presidente de la época, Pedro Aguirre Cerda, otro grande, reconoció su hazaña vía telegrama: “Su valiente y pujante pelea demuestra extremos de vigor a que llegaría nuestro pueblo debidamente cuidado en salud y bienestar como es programa actual gobierno” (boletín 9149-24 de la Cámara de Diputados del año 2015).

En “Deshoras” Cortázar escribe “Nunca supe bien por qué, pero una y otra vez volvía a cosas que otros habían aprendido a olvidar para no arrastrarse en la vida con tanto tiempo sobre los hombros”. Recordemos a Godoy y arrastrémonos con todo ese maravilloso tiempo del país que ya no existe.

* Existen pequeñas variaciones en otros registros.

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