Tanto Manny Pacquiao como Wladimir Klitschko han dicho que quieren participar en Río 2016. Lo que puede parecer una declaración de buenas intenciones o hace algunos años lisa y llanamente una locura, está a punto de convertirse en realidad en los próximos meses.

En mayo, se reunirá el Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Boxeo (Aiba) que entre otras medidas, buscará aprobar definitivamente el ingreso de profesionales a los Juegos Olímpicos.

Esta política de acercamiento al boxeo profesional ha sido progresiva bajo el mandato del taiwanés, Wu Ching-Kuo, quien hace cuatro años sacó los protectores cabezales de las competencias de varones, integró al olimpismo un sistema de puntuación similar al que tiene el boxeo rentado y creó una categoría propia de competición profesional (APB).

Un gesto entre ambos mundos sucedió cuando el filipino Manny Pacquiao asistió como invitado al Campeonato Mundial de la Aiba, que se disputó en octubre del año pasado en Doha, Qatar.

Sin embargo, ahora estamos frente a un gran salto adelante de la organización con sede en Suiza, ya que de aprobarse la medida, los profesionales podrían participar en el Preolímpico Mundial que se realizará entre el 7 y el 19 de junio en Bakú, Azerbaiyán, y de clasificar estarían presentes en Río 2016.

Las preguntas que se abren son varias, entonces. ¿Podrán los boxeadores profesionales llegar y desbancar a los olímpicos?, ¿cómo se le pagará a los boxeadores profesionales, que pertenecen a una de las industrias deportivas más lucrativas del planeta?, ¿qué medidas tomarán las distintas federaciones del globo?.

En primera instancia, las posibilidades que se abren son atractivas. Las potencias olímpicas de Europa del Este, como Rusia, Kazajistán, Bulgaria, Rumania, Ucrania, Uzbekistán, Azerbaiyán y -más abajo- Hungría, Serbia y Polonia, que en general cuentan con peleadores que tienen más de 200 combates en el cuerpo, o la propia Cuba, máximo medallista en la disciplina con un modelo 100% amateur, podrán competir con distintas escuelas profesionales del mundo, desde Estados Unidos y México, hasta Japón y Gran Bretaña.

Se podrán hacer realidad peleas soñadas como la que Don King intentó entre Muhammad Ali y el multicampeón cubano, Teófilo Stevenson, por ejemplo.

Los que pierden en ese escenario, sin duda, son los equipos menos competitivos del orbe. En ese plano, la tarea se pone particularmente cuesta arriba para Chile, quien no ha clasificado a los JJ.OO. en los últimos 20 años en esta disciplina, con la participación de Ricardo Araneda en Atlanta ‘96, y sus únicas medallas las obtuvo hace ya 60 años, en Melbourne ‘56.

Además, todo indica que los equipos nacionales sufrirían una merma, principalmente por el interés de los boxeadores de querer hacerse profesionales por razones tanto deportivas como monetarias, ya que de esta forma podrán participar de ambos circuitos y, en caso de toparse, optar por el más conveniente para ellos.

La medida, sin duda, atraerá el interés empresarial, televisivo y económico para la Aiba, el Comité Olímpico Internacional (COI) y las distintas federaciones afiliadas. Pero esto aún no es un incentivo real, ya que los púgiles profesionales que asistan a Río 2016 lo harán más por razones patrióticas que por réditos económicos, como es el caso del propio Pacquiao.

Los púgiles del boxeo rentado también tendrán sus dificultades. No es lo mismo pelear tres rounds que doce, así como un maratonista no tiene por qué rendir bien en los cien metros planos. Se deberán adaptar los regímenes de entrenamiento, estrategias y cualidades del boxeador para una u otra competencia.

¿Llegarán patrocinadores que tienten lo suficiente a los peleadores a unirse a la vida olímpica?, eso aún está por verse.

Por mientras, hay que apoyar a los púgiles chilenos que buscarán un cupo para la cita planetaria desde este viernes en Buenos Aires, Argentina, con Daniel Muñoz (69k), Joseph “el ruso” Cherkashyn (75k), Julio Álamos (81k) y el medallista panamericano, Miguel “el ogro” Véliz (91k).

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