Tal como dice el título sacado de una novela de Gabriel García Márquez, esta tragedia era por sobretodo evitable. En menos de una semana, el boxeo profesional se ha enlutado con dos muertes seguidas, el lunes fue el caso del Maxim Dadashev y este jueves en la mañana nos enteramos de la muerte de Hugo “Dinamita” Santillán de 23 años (19-6-2,8 ko), quien tras ser operado de un coágulo cerebral después de un empate en el último sábado contra el campeón latino súper ligero CMB, Eduardo Abreu (10-1-1, 6 ko) del vecino Uruguay.

Fue una pelea violenta, con un sangramiento del argentino desde el cuarto asalto que nunca fue detenido, mermando su resistencia a medida que avanzaba el encuentro. La lucha fue pareja, Santillán ganó notoriamente la primera mitad del combate y la segunda parte fue del campeón uruguayo, quien hizo notar su poder en la media y corta distancia. El rostro de Santillán estaba cada vez más sangrante e hinchado, la diferencia de categorías se hacía patente.

Inicialmente, Santillán pertenece a la categoría súper pluma, pero la necesidad pactó su combate por el título latino CMB. Parte de la tragedia se inicia 30 días atrás, recogida por el periodista argentino Gustavo Nigrelli, en el diario El Popular, en su columna titulada “Hugo Santillan, La necesidad tiene cara de hereje”:

“Santillán, estaba habilitado para pelear en Argentina, más no así en Alemania, en donde estaba sancionado debido a su última pelea, ocurrida 35 días atrás.”

La Federación alemana tenía suspendido a Santillán para combatir en su territorio hasta el 30 de julio, después de su derrota por puntos del 15 de junio pasado en Hamburgo frente al invicto armenio Artem Harutyunyan, de 7-0-0, 5 KO”.

“En efecto, el santafesino combatió allí ante el armenio y perdió por puntos, según las tarjetas, todos los rounds, y dos de ellos 10 por 8, quizás peor que perder por KO.”

Después de revisar, ambas peleas, la derrota sufrida en Alemania, fue mucho más violenta, con dos caídas y un boxeador armenio, que dominó todos los asaltos, colocando su mano izquierda constantemente y sin pausa sobre el abatido rostro de Santillán.

Nigrelli, es enfático con este punto:

Es decir, venía de una pelea dura –que acá no se vio-, y regresó al ring demasiado pronto, aunque 45 días después, por lo tanto, totalmente dentro del reglamento.

Un KO en contra obliga a un descanso de 30 días. Ni siquiera ese resultado hubiese impedido reglamentariamente su pelea. El único que podría regular eso, con un poco de sentido común, debió haber sido él mismo, o más aún su DT, que en este caso además es su propio padre.

Ahora bien: la Federación alemana no le avisó a la FAB de tal suspensión. ¿De qué sirve entonces tal medida para un territorio al que difícilmente iba a regresar, y menos en tan poco tiempo, si aunque sea no se da parte a la Federación de origen del púgil donde es más probable que actúe?

Santillán peleó además en superligero (63,500 kg), siendo habitualmente un superpluma natural (59 kg), categoría que –dicen- le costaba mucho dar. ¿Es beneficioso forzar tanto el peso de un púgil?

En esa pelea ante el armenio dio 61,200 -es decir, categoría ligero-, contra los 63,300 de Harutyunyan. 2 kilos de ventaja. Demasiado.

Para la pelea del sábado, Santillán aceptó con una semana de anticipación, en medio de una preparación apresurada. Durante la pelea, el árbitro a pesar de la profusa hemorragia y los claros hematomas, jamás llamó al médico para tomar alguna medida. Probablemente, porque al menos durante la primera parte del combate, la pelea favorecía al local.

Pero existían varios indicios de lo que estaba pasando, durante el sexto asalto, en medio de un intercambio brutal, sufrió la peor parte de los golpes de Abreu. Y en el séptimo se veía errático, desorientado y botando el bucal constantemente. Su esquina le solicitaba que buscara la larga distancia, pero con su respiración disminuida, se veía que la movilidad era mucho menor. Si bien es cierto, estos detalles no están en el reglamento, sí son un indicio para entrenadores, árbitros y promotores. Antes, durante y después de los combates. Quedan preguntas abiertas como ¿Qué paso durante esos 35 días desde su pelea en Alemania?, ¿Cómo fue el régimen de sparring previo a la pelea con Abreu?, ¿Cómo asumen responsabilidades las federaciones, nacionales e internacionales?, para este caso Argentina y Alemania.

Las muertes, trágicas y por sobre todo evitables como las de este fin de semana, fueron parte, de un proceso de malas decisiones, concepciones valóricas mal comprendidas e irresponsabilidades mayúsculas que eran arrastradas desde mucho antes del combate. Semana negra para el boxeo mundial.

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