El boxeador que inaugura nuestro listado de los mejores púgiles de la historia de Chile es el nacido en Lonquimay y considerado como el único campeón mundial masculino de boxeo profesional: Benedicto Villablanca (34-11, 16KOs).

Villablanca ocupa el puesto 10 de este listado principalmente por este logro, que sigue generando debate hasta el día de hoy y por ser una de las figuras más reconocidas del boxeo nacional en la década de los ochenta, considerada una de las últimas grandes décadas del boxeo nacional.

Benedicto nació en Lonquimay el 13 de julio de 1957. A la edad de 18 años debutó en el boxeo profesional derrotando por puntos a Luis Conejeros en el Teatro Caupolican y si bien su campaña al comienzo no impresionó, sí se caracterizó siempre por ser un púgil trabajador y amigo del gimnasio, cualidad no muy común entre los boxeadores de la época.

Villablanca previo a su combate ante Roger Mayweather.

Precisamente estas condiciones llamaron la atención del destacado promotor Ricardo Liaño excentrico personaje de la historia del boxeo nacional y que ayudó a potenciar la figura del radicado en Melipilla, al punto de llevarlo a disputar el título mundial.

Antes de llegar a ese destacado hito, Villablanca se hizo del cinturón de campeón nacional super pluma en 1978 al derrotar por KO en Melipilla a Roberto Díaz y pese a perder dos veces la opción de ganar el título sudamericano ante el argentino Víctor Echegaray, su gran victoria llegó en 1981 cuando conquistó el campeonato latino super pluma de la AMB ante el peruano Luis Bendezu.

Entre 1980 y 1982 Villablanca tuvo una racha de victorias que lo dejó lo suficientemente posicionado como para retar al campeón mundial super pluma de la AMB, el boricua Samuel Serrano, uno de los mejores boxeadores en la historia de ese país.

La gran oportunidad llegó el 5 de junio de 1982, en una lluviosa jornada de invierno en la ciudad de Santiago, Villablanca enfrentaba a Serrano por el cinturón de campeón mundial de boxeo de la AMB y, contra todos los pronósticos, se bajó de ese ring con la mano en alto y el cinturón rodeando su cintura.

Fue la gran noche de Villablanca, que se transformaba en el primer campeón mundial de boxeo de nuestro país. Si bien la pelea no fue atractiva y estuvo más cerca de ser una pelea callejera que un encuentro de boxeo, algo que el propio Villablanca reconocería “yo me subí a pelear, si tenía que pegarle cabezazos se los iba a pegar porque mi meta era ser campeón a cómo diera lugar”.

Si bien hubo muchas refriegas, Villablanca siempre negó que fuese un cabezazo lo que causara la herida que detuvo la pelea aquella noche. Supuesto cabezazo que finalmente permitió la apelación de Serrano y la anulación del combate que terminó con el chileno siendo despojado del título que se le había otorgado sobre el ring.

Ese fue el climax dentro de la carrera de Villablanca, luego vendría su separación con Ricardo Liaño, una nueva oportunidad por el título mundial ante Roger Mayweather y así su carrera se extendió entre victorias y derrotas hasta que culminó en 1985 luego de caer ante un joven Ricardo Toledo.

Villablanca no era un boxeador que destacara por su técnica, pero sí es uno de los púgiles más trabajadores y que mejor supo aprovechar sus capacidades que ha existido en nuestro país. Su falta de técnica la reemplazaba con coraje y una tremenda resistencia física. Cualidades que lo hicieron tocar al cielo, aunque solo hubiese sido por dos semanas. Eso es más de lo que cualquier otro boxeador en la historia de Chile puede decir.

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