En 1953 es un joven desconocido que sale de las salitreras del norte grande, uno de tantos boxeadores fuertes que ha entregado el norte del país. Tapia debutó en el nacional de 1953, 1954, 1955, en los sudamericanos de Montevideo de 1956 y salió segundo en el panamericano de Ciudad de México el mismo año. Sin lugar a dudas llegó a los Juegos Olímpicos de Melbourne en el mejor momento posible.

Sin embargo el camino no fue sencillo, el entrenamiento en Chile era complejo, sin compañeros de sparring y sin siquiera implementos, Tapia paso una temporada en 1956, en Concepción en donde solo contaba con un saco para poder entrenar, aun así durante el 1956 fue campeón invicto del amateur nacional. Si bien Tapia empezó en categoría ligero en 1953, su entrenador, el célebre preparador de la UC, “Chago Arancibia”, lo fue moldeando como peso medio, trabajando en doble jornada su físico y pegada, fue así como Tapia gano gran parte de sus combates en 1956.

Dueño de una pegada contundente y un boxeo agresivo, producto de lo que podríamos llamar “la escuela chilena de boxeo”, tributaria del boxeo norteamericano de comienzos de siglo XX, que apuntaba a una confrontación frontal, con golpes curvos fuertes y mucho “aguante” al castigo, era el estilo particular trabajado en Chile por boxeadores como Arturo Godoy, Humberto Buccione, Segundo Dinamarca y Carlos Rendich todos ellos boxeadores frontales y agresivos. Así Ramón Tapia llevó este boxeo al campeonato Latinoamericano de Montevideo en donde desplegó este poderoso estilo que le hizo acreedor de los aplausos de la prensa uruguaya[1]. Así, durante el segundo semestre de 1956 llegó en un muy buen ciclo competitivo listo para enfrentar el reto olímpico. Los boxeadores Chilenos Claudio Barrientos, Ramón Tapia y Carlos Lucas, llegaron muy agotados por el largo viaje hasta Australia, e incluso en el caso de Barrientos, se vieron afectados por la comida local y teniendo inconvenientes para alcanzar el peso requerido, así mismo para adaptarse a los cambios horarios, la delegación chilena venia y actuaba en la precariedad total, con decir que el 81k Carlos Lucas ni siquiera tenía compañero de sparring en su lejana, Villarrica. Aun así Tapia estaba en su mejor momento y lo iba a demostrar.

Al llegar a los Juegos Olímpicos debuto con el polaco Zbigniew Piorkowski  a quien venció por KO, seguido de Julius Torma de Checoslovaquia, a quien venció también por KO, en semifinales venció al francés Gilbert Chapron, por nocaut técnico y perdió en la final contra Gennadi Shatkov de la Unión Soviética, a todas luces fue una participación completamente espectacular, ya que por una parte logró vencer sin mayor discusión por la vía rápida, y no a púgiles sin preparación sino que de la mayor calidad posible en la época.  Los combates fueron cerrados y todos con alto nivel de intercambio de golpes, de hecho, perdió por nocaut en la final, al parecer Ramón Tapia era alguien que iba por todo y en la final perdió en su mismo juego. Es curioso como en su rápido y espectacular camino a la victoria solo ´pudo ser detenido por un púgil con “entrenamiento” moderno como el soviético, con preparación periodizada y entrenamientos científicos pudo detener a Tapia que cayó por KO. La hazaña de Tapia está marcada por la constancia y la confianza en su boxeo, aun cuando desde el mundo desarrollado parecía en el olvido, logro la única presea de plata que obtenido el boxeo chileno.

[1] Revista Estadio, XVI, n° 711, Santiago 1956. Página 17.

Leave a Reply

Your email address will not be published.