El balance del 2017 para el boxeo profesional chileno es positivo, qué duda cabe. En términos de resultados se partió el año con dos títulos internacionales y ahora se ostentan seis. Se rompió una negra racha que -sin considerar los títulos mundiales de Carolina Rodríguez y el interino latino de Hardy Paredes- se arrastraba por 33 años sin ganar cinturones en el extranjero.

En cifras económicas, el futuro también se ve optimista. No solo se llenaron los clásicos gimnasios de Iquique, Santiago, Osorno y Chiloé. Siguiendo el modelo de negocio norteamericano, el boxeo nacional está explorando con éxito otros escenarios, como fue el caso de los casinos Dreams de Temuco y Monticello en San Francisco de Mostazal.

En términos de espectáculo, nada qué decir: La deportividad brilló en la mayoría de los combates. La euforia del público se hizo sentir ante el gran despliegue de los púgiles nacionales, quienes rindieron a un óptimo nivel principalmente gracias a la buena preparación, lo que habla muy bien de su disciplina, empuje y capacidad de sus entrenadores.

Desgranemos el choclo. Este gran salto adelante del boxeo chileno se nutre principalmente de tres vertientes: El semillero de la selección olímpica, el desembarco de los más jóvenes y la porfía de los más experimentados. A saber.

1. La selección: En medio de los cuestionamientos a Jesús Martínez, head coach del equipo olímpico, es innegable que buena parte de este nuevo escenario es su responsabilidad. El énfasis en la preparación física de sus dirigidos generó una camada que no tardó en brillar a la hora de dar el salto al profesionalismo.

Salvo contadas excepciones, los “guatones” desaparecieron de los rings. Ex pupilos suyos como Ramón Mascareña y Julio Álamos desarrollaron un maratónico año debut -con seis peleas y seis triunfos cada uno- y se convirtieron en campeones nacionales en menos de 10 meses.

Lo del iquiqueño es realmente admirable: Debutó en junio y en diciembre ya ostentaba el cinturón chileno. Por otro lado, Álamos -que debutó en septiembre del 2016- tardó 10 meses en cumplir la misma tarea, pero cerró el 2017 con un título sudamericano bajo el brazo. Sin duda, para completar estas proezas el factor físico es fundamental.

El resto de la camada: Mario Contreras, Daniel Muñoz y Carlos Díaz la han tenido más complicada por factores ciertamente individuales, que tienen que ver más con la adaptación y los recursos. Pero su presencia dota la escena nacional de tres de los púgiles más competitivos en sus respectivas categorías y probables protagonistas del 2018.

2. Los jóvenes: Además de los exseleccionados, aterrizaron en el pugilismo local otros boxeadores que se han negado a ser agua para viejos molinos.

Gonzalo Fuenzalida es el caso más emblemático. Protagonizó una cerrada disputa por el título súper pluma ante un hidalgo “Motorcito” Parra, pero también le tocó caer inesperadamente ante “Ventarrón” Vera. Su adaptación no ha sido sencilla, ya no es el vapuleador que demostraba ser en su época amateur, pero aún así se ha abierto camino en la categoría contra viento y marea, lo que habla muy bien de su espíritu competitivo.

Más atrás aparecen promisorios púgiles como Patricio y Marcial Carrión, o el más pequeño de los Velásquez, Ramón, que este 2017 se coronó campeón chileno de los pesos mosca. Todos ellos llegan a aceitar la maquinaria de la escena local y también podrían despegar el 2018.

3. Los porfiados: De la vieja escuela, solo queda un puñado, los más capaces. Ellos validaron este 2017 sus pergaminos. Aquí figuran los tres mejores boxeadores de Chile: Miguel González, José Velásquez y Cristián Palma.

El Aguja -pese a pelear solo una vez y conformarse con lo mínimo- ofreció una de las mejores peleas del año y ante uno de los rivales más competitivos de su carrera, el colombiano Anuar Salas, quien llegó a Santiago con toda la intención de arrebatarle el cetro súpermosca latino.

Sin embargo, se topó con una de las mejores versiones de González, la más preparada en términos físicos y técnicos. Tal condición lo llevó a cerrar el año en el tercer lugar del ránking AMB y a orbitar por una chance por el título mundial, su gran desafío para el 2018.

Por su parte, el Pancora fue el hombre sorpresa. Lo llevaron a Brasil para que el púgil paulista, Antonio Soares, siguiera en racha y tuviera una victoria fácil por el título latino OMB. Pero el quellonino estaba imparable: Venía de seis victorias consecutivas, cinco por KO y sumó una sexta cuando tumbó al brasileño en el octavo round. Sencillamente glorioso.

Finalmente, también se queda el Tigre, el más experimentado de los tres. El púgil lautarino finalmente revirtió su caída en Wembley ante el prospecto local Mitchell Smith -actual campeón intercontinental de la OMB-, derrotó a tres argentinos de manera consecutiva este 2017 y se tituló campeón sudamericano. Además, se coronó como el más querido por el público según Boxeadores. Todo un paladín del box.

Solo queda sumar a dos púgiles que protagonizaron la pelea más emocionante del año. Robinson Laviñanza, único campeón activo que le queda a la ciudad Osorno, y Ramón Contreras, quien llegó en su mejor condición a combatir, pero aún así no pudo con el zurdo Ray y cayó por KO tras haber lanzado a su rival dos veces a la lona. Homérico.

Los puntos negros

El 2017 también dejó experiencias negativas, pero en este caso solo vale la pena mencionar tres. El pseudo retiro de boxeadores jóvenes como Ángelo Báez e Iván Pizarro; el secuestro del título ligero nacional por Hardy Paredes -quien no peleó en todo el 2017-; y la inactividad de Óscar Bravo, quien no ha podido revalidar sus pergaminos en Estados Unidos desde febrero -tras caer injustamente ante el local Saúl Rodríguez-.

En cuanto a boxeo femenino, se sintió la ausencia de Carolina Rodríguez, quien prometió regreso para el 2018 bajo el rótulo de “Krespita”, que adelanta una renovación en la ex campeona mundial.

Por otro lado, se realizó el primer combate por un título nacional femenino en la historia de nuestro país, pero el resultado no dejó conforme a nadie por culpa de una polémica tarjeta que desbalanceó todo.

Las proyecciones

El 2018 deja muchas puertas abiertas en el ámbito internacional y debiera ser el año de la consolidación, tarea nada de fácil si implica defender lo ganado y aspirar a más. Actualmente, solo se avizora a Miguel González como challenge legítimo a un título mundial. Es por esto que las expectativas están puestas en que un ramillete de púgiles nacionales pueda meterse en la primera línea y los grandes escenarios.

A Velásquez (16-6-2), Palma (26-10-1) y Bravo (22-7-0) les juega en contra la edad y su número de derrotas, que ensucian su récord. Si mantienen la ambición y quieren crecer aún más, deben apostar al batacazo en cuanto salga la oportunidad. Seguramente, se volverán objetivos de púgiles jóvenes que quieran abrirse camino y ganar experiencia. En ese sentido, mantenerse activos es clave. Pelear, pelear y pelear competitivamente. No pueden ser carcomidos por el letargo y la falta de preparación.

Por otro lado, los boxeadores más jóvenes tienen su senda más clara. Este 2018 deben crecer en experiencia y eso solo se consigue peleando. Mientras más difícil el obstáculo, más se crece. En ese sentido, promotores y agentes deben ser hábiles a la hora de localizar rivales accesibles, pero competitivos. Tal equilibrio, les permitirá avanzar en su boxeo y mantener un récord limpio.

En la escena local, hay tres categorías que se convirtieron en las más competitivas del país: Ligero, súper ligero y welter.

El primero está bajo el poder de Hardy Paredes (34 años), quien pese a no pelear durante un año aún no decide su retiro. Antes de eso, completó dos derrotas consecutivas por KO ante Casey Ramos en Estados Unidos y Diego Aguilera en el Teatro Caupolicán.

Si vuelve o lo deja vacante, aparece en la órbita del título liviano el eterno aspirante Óscar Bravo, quien ha desafiado a Paredes por todos los medios posibles. Su rival podría ser el exseleccionado Carlos Díaz, quien ha tenido problemas para dar el peso en los súperpluma, o también se avizora la amenaza del noqueador iquiqueño, Cristián Olivares.

Mascareña tiene un listado de ocho posibles retadores al título, pero la cifra es engañosa, ya que pese a ser una categoría populosa, son pocos los que realmente podrían poner en aprietos al campeón. En el horizonte emerge la posibilidad de Héctor Medina, quien regresó con un KO tras seis años de inactividad, o su coterráneo Marcial Carrión, pero que aún se ve muy verde para retarlo por el cinturón.

La categoría más atractiva sin duda son los welter. El campeón Cristián Salas viene de coronarse campeón latino plata del CMB, sin embargo, todos sus retadores le prometen batalla en Chile. Mario “Demoledor” Contreras es la única mancha en su récord y una revancha sería la pelea más atractiva de la escena local.

En el horizonte también está Daniel Muñoz, quien pese a sus problemas de adaptación y recursos, es el púgil más técnico de las 147 libras, lo que lo vuelve un rival más que complicado. Al final de las opciones está Iván “Dinamita” Pizarro, quien no ha podido reponerse del KO que le propinó Contreras en 2016 y pasó todo el año sin combatir. Su regreso sería una gran noticia del 2018, porque aún es joven y no debiera echarse a morir por aquella derrota.

Finalmente, otro combate que podría llamar la atención es la de Julio Álamos contra Carlos Ruiz. Guru Guru tuvo un magro desempeño internacional y solo cosechó derrotas en Estados Unidos, pero es un púgil duro que podría poner a prueba la pegada del Ingeniero. Pese a esta expectativa, es un combate que difícilmente se de por los vínculos del chilote con la WPC, organización que ha sido fuertemente cuestionada en Argentina y que se ha ganado las sospechas de la Comisión Nacional de Boxeo Profesional.

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