Si bien es cierto el boxeo en los últimos años ha tenido un auge, por medio de su práctica deportiva no competitiva y la positiva imagen que le ha entregado la “Crespita Rodriguez”, este deporte incluso llegó a ser cuestionado en su legalidad durante la década de 1990. Sin embargo, más allá de las aceleradas decisiones políticas que nunca vieron la luz, el boxeo en Chile tiene un glorioso pasado, basado en una potente historia de boxeo amateur y la practica masiva de este deporte durante la primera mitad del siglo XX, de hecho, el deporte en general en Chile era una actividad de gran popularidad, tanto en clubes sociales de la elite como también en torneos de empresas y sindicatos.

La gran cantidad de medios de información que surgen a comienzos de siglo, documentan intensamente el boxeo, con sus logros y también con sus deficiencias, la famosa revista “los Sports” que desde 1923 a 1931, rescata la totalidad de eventos deportivos en Chile, coloca especial énfasis en la práctica del boxeo, dando a entender que sería un deporte de gran popularidad y masividad, es un hecho conocido y documentado que las peleas de Luis Vicentini y el “Tani” Loaiza, llevaban a miles de aficionados, llenando teatros, y el conocido Campo de Deportes antecesor del actual Estadio Nacional. La revista Los Sports, en el número del 2 enero de 1925, destaca la participación de los púgiles chilenos en el IV Campeonato Sudamericano de Box Amateur, el comentario de la revista no deja de ser interesante respecto a los aspectos técnicos de los boxeadores chilenos, que, si bien venció en diversas categorías, no se mostró técnicamente superior a sus rivales argentinos:

“Aquí y ya se ha dicho muchas veces desde estas columnas, se estudia muy poco el verdadero box, los muchachos que compiten en los campeonatos sudamericanos, son en su gran mayoría socios de los centros de box, que son por el momento, las más constantes escuelas de la muchachada aficionada. Ya hemos dicho lo que ocurre no hay medios suficientes para mantener en cada centro a dos o tres profesores “que sepan enseñar el arte verdadero. De ahí que los entusiasmados niños se formen casi solos y se dejen llevar por su instinto de pelea, que es el que mejor cuadra con su resistencia y vigor proverbial. Mientras compiten peleadores con peleadores no es tan notable el olvido del arte; pero llegan justas internacionales, compiten los nuestros con sus colegas trasandinos e inmediatamente notamos la diferencia. Los argentinos, por el contrario, empiezan a aprender a boxear. Toman parte en muchas academias y luego de una infinidad de “draws” llegan a los triunfos por puntos para terminar ganado por K.O”.**

En esta descripción se exponen las falencias de los púgiles nacionales, que una vez en competencias internacionales, no lograban un desempeño técnicamente elevado, y transformando el combate en una pelea común y corriente, el comentarista de “Los Sports”, esta consiente que si bien la conducta heroica dentro del ring, se puede traducir en victorias, este camino solo llevaría en detrimento del boxeo nacional y aumentar su baja calidad. Llama la atención la gran existencia de clubes de boxeo durante la primera mitad del siglo XX, que sin embargo carecían de la eficacia técnica requerida para alcanzar el éxito a nivel internacional.

Cabe recordar que nos encontramos en una época, 1925, en donde el deporte es transversal a todas las clases sociales, si bien como enuncié en una anterior columna, el boxeo sí fue parte importante de la cultura proletaria como medio de expresión, de las clases trabajadoras y fue vivamente practicado por estas mismas, también existía una gran cantidad de clubes de aficionados, tanto en universidades como en clubes de patrocinados por la clase media, esta masividad no se tradujo en un aumento de la cantidad de personal capacitado para poder enseñar la técnica correcta, ya que los profesores de box eran escasos y en la mayoría de los casos extranjeros, elemento que hacía que las clases altas los captaran para clases particulares o para los clubes universitarios muy comunes en durante la primera mitad del siglo XX en donde incluso en la novela “el Púgil y San Pancracio”, ambientada en la década de 1940, el protagonista debe enfrentarse a un contrincante “pije” de un club universitario.

En resumen, la crítica periodística apunta al excesivo crecimiento de los clubes amateur que carecen de la adecuada preparación técnica para triunfar en campeonatos internacionales, que además esta excesiva confianza en el pugilismo chileno sería perjudicial a la larga, ya que la brecha técnica entre Chile y sus vecinos aumentaría considerablemente en el tiempo. Como vemos la masividad de la práctica del box, no se tradujo en la mejora de los resultados deportivos a nivel competitivo, pero aun así la primera mitad del siglo XX fue la época de oro del boxeo chileno, entregándonos sus más grandes exponentes.

* Revista Los Sports, disponible en Memoria Chilena http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-100580.html#documentos

** Los Sports. 2 de enero de 1925. Pág. 16 

Jorge Drouillas es profesor de historia, magister en historia ciencias sociales. Contacto drouillas61@gmail.com

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