¡”Soy un Guerrero”! Gritaba eufórico un reconocido boxeador nacional, después de recibir un sin número de golpes, con guantes de 8 onzas, una vez finalizado ese combate profesional que entretuvo a los acomodados asistentes del sector oriente de nuestra capital, en un otoñal día de marzo. Todo el mundo se fue feliz y punto final. El boxeo es un deporte de contacto, eso es una realidad, no puede negarse, pero en los últimos 100 años ha evolucionado en cuanto a sus normas, al menos desde el siglo XIX, existen las categorías de peso que en el boxeo están bien señaladas.

El boxeo no es una guerra, las guerras son brutales e inhumanas, es cosa de ver nuestra historia reciente, a la sociedad del siglo XX le costó dos guerras mundiales y 80 millones de muertos para llegar a comprenderlo. Es un deporte, no una guerra, los deportes son a su vez, competencias normadas, con reglas y  categorías de peso, que están para proteger al boxeador.

Las irregularidades sucedidas en Tomé, no son más que la muestra de una gerencia que, de manera monárquica, no le interesa más que el propio confort, el hedonismo y la manera antojadiza. ¿Cómo se les ocurre realizar actos de irresponsabilidad que no hacen más que manchar el boxeo? ¿Cual es la utilidad de un combate así? ¿Probar que?, ¿Hombría? ¿Nacionalismo trasnochado o quizás qué actitud pre moderna? Como docente de primera infancia, trabajo a diario por dar valores, por construir una sociedad más inclusiva, con más oportunidades y, sobre todo, con más criterio respecto de nuestras acciones y cómo éstas afectan a los demás, ya que es eso lo que construye sociedad y no las banderas.

La pelea catastrófica en Tomé ya pasó, es historia y es verdad, pero ¿qué pasa si el pugilista sale con un TEC cerrado o con una fractura de mandíbula producto de los caprichos de una directiva que parecía estar mas en una pelea de gallos en Filipinas, que en un combate de boxeo amateur? O incluso peor, ¿qué pasa si llega a ganar?, las aclamaciones de que es un “guerreroh” y así encubrimos todas las irregularidades hasta que suceda una desgracia.

Existe una palabra que los niños de párvulo aprenden desde su más temprana edad:“empatía”, ser capaz de ponerme en el lugar del otro y comprender que no es correcto lo que sucede. Espero las nuevas generaciones sean capaces de hacerlo y así  construir un mejor país, con ciudadanos y no con “guerreroh” con secuelas cognitivas. El boxeo es un deporte en el siglo XXI con más de trescientos años de desarrollo que, hoy por hoy, gracias a la evolución de los estándares de seguridad y normas es un deporte seguro y hermoso. Los valores premodernos y no monárquicos no tienen lugar acá, ni la misoginia, ni el nacionalismo agresivo, menos la falta criterio. La monarquía dejo de existir en Chile hace 200 años.

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