Por Camilo Espinoza M.

La historia del boxeo se puede contar a través de la historia de sus pesos pesados, incluso en estos tiempos, donde la categoría se daba por muerta debido al extenso reinado de un estilo que supuestamente aburría, el de los hermanos Klitschko, pero que nos acaba de dar la mejor pelea de los últimos 20 años.

Lo que ocurrió la noche de este sábado no solo son vientos de cambio que traen un nuevo monarca: Anthony Joshua, el espíritu joven que viene a refrescar la categoría, relato personal de la inmigración africana al continente europeo y boxeador que consolida en la escena internacional los más modernos estándares de la preparación física.

También significa el regreso del modelo británico de los espectáculos deportivos a la primera línea mundial y se encarama en el globo como un nuevo eje del boxeo mundial.

Anthony Oluwafemi Olaseni Joshua es, tal vez sin saberlo, un personaje de nuestra época.

El nacido en Watford es, en efecto, hijo de padres nigerianos. A los 11 años viajó a ese país junto a su madre, se radicó un tiempo allí y pasó casi un año en un internado de menores. En ese lugar, se levantaba a las 5:30 de la mañana para ir a buscar y así bañarse, lavar su ropa y luego plancharla.

Aquella experiencia está tatuada con la forma geográfica de Nigeria en uno de sus brazos, para reivindicar la disciplina aprendida en estos tiempos de plena crisis de migrantes a nivel global y el resurgimiento de los movimientos de supremacía nacionalista en las naciones del primer mundo.

De hecho, paradójicamente, Joshua representó a Gran Bretaña en los Juegos Olímpico y obtuvo el oro en Londres 2012, en una polémico fallo -aunque no menos merecida- contra el hábil estilista cubano, Erislandy Savón.

En el profesionalismo, sus números son absolutos: 19 triunfos por KO en 19 peleas. Sin embargo, la pelea contra Klitschko tiene ribetes paradigmáticos.

El inglés llegó pesando unos 113 kilos, cinco más de lo que presenta regularmente y cuatro sobre el ucraniano, que llegó en un trabajado estado físico con la ambición de recuperar los cinturones que le arrebató Tyson Fury en aquel combate que lo dejó al desnudo: Se había convertido en un deportista acomodado, había perdido el hambre propia de los boxeadores y su herejía fue duramente castigada frente a un púgil que hoy por hoy es considerado uno de los peores monarcas de la historia, al no defender jamás su corona y dar doping positivo por cocaína.

Buscando su redención, Klitschko llegaba a Londres mejor que nunca. Su cuerpo no parecía tener 41 años y sobre el ring lució ágil y atlético. Se paró sin miedo con su posición olímpica y con el jab en punta se dispuso a dominar el combate.

Al frente, Joshua había sacrificado la velocidad propia de su juventud por resistencia y poder. Una estrategia arriesgada, pero clara: Se había preparado para derrumbar a su rival a punta de fuerza, aunque se pueda “quedar sin aliento”, como reconoció el propio Eddie Hearn, su promotor.

Los resultados saltaron a la vista: Si bien el combate estuvo bastante igualado en puntos, Joshua apretó el acelerador en dos ocasiones. Primero, en el quinto round, se lanzó contra el ucraniano y lo mandó a la lona. La recuperación de ese desgaste no fue fácil. Al siguiente asalto, Klitschko aprovechó su cansancio y le encajó un derechazo fulminante que lo envió al piso por primera vez en toda su carrera.

El inglés se paró y estuvo varios asaltos mostrando signos de agotamiento, mientras que su rival, a pesar de ser más viejo y tener una ceja cortada, tomaba la iniciativa.

Sin embargo, el cuerpo de Joshua supo aguantar y volvió a arremeter con sus combinaciones plagadas de golpes de poder en el undécimo round, enviando dos veces al ucraniano al suelo. Klitschko, con mucha hidalguía, se paraba y tomaba postura de combate para continuar batallando, algo que no toleró el muy buen árbitro, David Fields, de loable cometido.

Las 90 mil personas que replegaron Wembley, el quinto estadio más grande del mundo, fueron testigos de un combate épico que vuelve a poner a Inglaterra en la primera línea mundial.

Su modelo de espectáculo, de hecho, también se impone paralelamente al modelo de casinos y PPV que domina en Las Vegas. También podría plantearse como una alternativa razonable para el crecimiento de una escena como la latinoamericana.

El avance del streaming a nivel global se posiciona como una amenaza al poder de las cadenas televisivas. De hecho, Showtime y HBO tuvieron serias trabas económicas para llevar el combate entre Joshua y Klitschko para todo el mundo, ya que cada una representa a un boxeador distinto.

En un mercado pequeño como el chileno, no es un error apostar por la masividad y los combates de Carolina “Crespita” Rodríguez han marcado pauta al respecto: Eventos multitudinarios, gratuitos o de taquilla a bajo costo, para reencantar al gran público con el boxeo, y transmisiones por televisión abierta, lo que la han convertido en la deportista más popular del país detrás del fútbol.

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